Atravesando una depresión terrible, consecuencia de una violación y secuestro del que fui víctima y el fallecimiento de mi padre, mi cuerpo y mente se derrumbaron; me deje engordar, nada tenía sentido para mí, me sentía sola, extraviada, era como vivir entre sombras y solo con la tele como mi compañera, encontré la forma más divertida de hacer ejercicio.
Una de esas tardes en que no había nada que hacer, mi mami, me invitó a una obra de teatro en donde una chica “volaba”, nunca había visto algo así, se veía graciosa, sexy, fuerte, y feliz. Todo lo que hizo era en un tubo y me llamo muchísimo la atención, se veía fácil y además era algo nuevo, algo que no había visto nunca, algo completamente diferente y único. Al verla girar y sonreír feliz, me di cuenta que yo quería verme y sentirme así, sin embargo, no fue hasta un mes después, en donde mi compañera, la tele, me mostro una capsula donde una chica invitaba a los televidentes a levantarse del sillón e intentar una actividad nueva en México, El Pole Fitness, de inmediato recordé a la graciosa chica de la obra y me tomo 2 segundos correr por una pluma y papel para no perder detalle alguno, anote la página de internet y me dedique a buscar información acerca de cómo se hacía, donde se practicaba, cuanto costaba, entre otros detalles.
Entonces comenzó la lucha interna, comencé a ponerme pretextos a mí misma, tales como: Está muy lejos, puesto que estaba haciendo mi servicio social en lo más alto de un cerro de Tlalnepantla y para llegar a Polanco necesitaría 4 horas manejando debido al tráfico, tal vez no podre pagarlo, puesto que como estudiante y sin trabajar, la situación económica no es la más cómoda que digamos y el pretexto de los 64000 dólares, estoy gorda, comencé a pensar que para poder practicarlo tenía que estar súper, híper, mega, delgada, fue como decir “auch”; Entonces sucedió, mi mami me dijo “no pongas barreras donde no las necesitas”,” no tienes por qué decir que no puedes”,” inténtalo, pruébalo y si te gusta hazlo tuyo y si no, al menos no te quedaste con las ganas”. Me decidí a intentarlo, sabía que las críticas estaban en la puerta, que no iba a faltar quien me viera como el negrito en el arroz, pero no me importo, lo que tenía que hacer era romper con la idea “no para gorditas”, dentro del estigma “solo las strippers bailan en tubo”. Así que empecé el 1er nivel con todos los nervios del mundo, grandes expectativas y con un universo nuevo por descubrir. Dolió, o si vaya que dolió la primera clase (aun duele) pero era un dolor rico, un dolor de sanación, un dolor necesario, no solo para el cuerpo, también para el alma.
Ahora, después de ocho meses de practicarlo, puedo decir que es una de las mejores experiencias de mi vida, he conocido personas increíbles, me he divertido como enana con las fotografías, las clases son una mezcla rara de diversión y dolor que nunca pensé que podría disfrutar tanto, todas las instructoras son únicas y maravillosas, cada una con su propia forma de tortura y de cada una siempre obtengo algo positivo y mi cuerpo a cambiado de una manera increíble.
La verdad, no sé si mi historia sea digna de ganar el taller con Natasha Wang o no, pero es una oportunidad para decirle a “the master” Jez y a Gravity Studio, GRACIAS!!!, por traer a México una actividad increíble, por sacarme de la depresión en que me encontraba, por motivarme a cambiar mi vida, por mostrarme que no hay límites cuando creo en mi misma, por soportarme, por hacerme sonreír de nuevo y lo más importante, Por hacerme Feliz!!!, GRACIAS… MIL GRACIAS.
Elizabeth Alcántara Ortiz.